sábado, 14 de marzo de 2015

La vie ¿en rose?

No sé si esto llegará a ser leído por alguien, si algún alma cándida responderá a mis plegarias o si, yo misma, continuaré esto que empiezo, pero hoy tengo la necesidad de comenzar esta andanza.
Aquí estoy, en el escritorio de mi cuarto, escuchando jazz con mi pijama de Oysho y una copa de vino de 2.96€ comprada en Aldi. Sí, así de glamouroso se presenta mi sábado noche. La verdad es que en estos momentos no se me ocurre un plan mejor. Yo siempre he sido una fiestera empedernida, me encantaba trasnochar, beber hasta caer en coma (eso sigo haciéndolo, en realidad) y zorrear con el tío de turno. Pero desde que me mudé a Bruselas todo cambió. Es curioso como puede cambiar una persona y su hábitos en 2 meses y medio. (Pausa para recargar la copa). Hay noches en las que me bebo un par de copas de vino de más, me pongo reggaeton (horrible, lo sé) y quiero transportarme a una noche de fiesta de las de antes, con mis amigas, en mis bares de siempre pero, me acuesto, me levanto a las ocho de la mañana y se me vuelve a pasar. ¿Eso es hacerse mayor? Ahora quiero pasear, visitar librerías, comprar, tomar café en bares con encanto y oír música de "mayores" todo el tiempo. Mi yo de ahora siempre ha estado ahí, siempre me ha gustado hacer esas cosas pero a menor escala. En cambio, desde que hablo francés no hay quien me entienda (es un chiste, ¿lo pilláis?).
Hablando en serio, me gusta esta nueva vida. Me gusta tener nuevas inquietudes y querer hacer cosas que no hacía habitualmente antes, queda feo decirlo pero, me gusta la mujer en la que me estoy convirtiendo. Ahora sólo espero no ser la única que aprecie este cambio.

Buenas noches desde un cuarto en Bruselas.